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Cine y argumentación jurídica


TRES ESCENAS SOBRE EL ALEGATO JUDICIAL

En estos tres fragmentos de tres películas con contenido jurídico vemos como el cine puede ser también una herramienta pedagógica que acerca el derecho a la ciudadanía. Tenemos tres películas con tres directores diferentes.

La primera película es: En el nombre del padre, de Jim Sheridan.

Hablamos de dos fragmentos de la película, uno al principio y otro al final de la película.

El primero de ellos sucede al principio del proceso, donde el fiscal señala a los acusados y los delitos de los que se les acusan. Eran los años 60 y 70, cuando había una gran turbulencia terrorista. Los argumentos tienen su orden. El fiscal habla primero.

Atenéa a las Erenías: “La palabra os concedo. Si quien acusa habla primero puede narrar muy bien los puntos en litigio”.

El punto de partida lo marca la llamada “versión oficial” de los hechos elaborada por la Instrucción y sostenida en su escrito de calificación provisional por el Ministerio Fiscal. Pero ésta es sólo, en todo caso, una hipótesis más, la que no en razón a su “imparcialidad” merece “por principio” un status narrativo privilegiado o superior a cualquiera de las versiones de “parte”.

Se da la teoría de la argumentación que consiste en narrar los hechos.

El segundo fragmento, ya al final, empieza con el argumento de la defensa, diciendo “lavarse la mano” lo que puede parecer que indica que los han prejuzgado, ya que todavía no se había dado la sentencia. Parece que habían confesado obligados por tortura o intimidación. Otra frase: “la verdad estaba en sus manos” hace alusión a las pruebas. El fiscal habla en último lugar.

En común con la primera parte tiene la sustantividad del argumento, en ambos casos hay un relato pero, aquí, ha habido un problema: la transformación del elemento cardinal: quien ha hablado al final ha sido el Ministerio Fiscal. Ha habido una falta en la teoría de la argumentación, algo por otra parte normal en un proceso lleno de irregularidades. Pero, cabe preguntarse; ¿qué pasa con la retórica de la imparcialidad? ¿Dónde está? La retórica de la imparcialidad es la del Ministerio Fiscal, basada en la auctoritas y con carácter constitucional:

Artículo 124 de la Constitución Española de 1978: 1. El Ministerio Fiscal, sin perjuicio de las funciones encomendadas a otros órganos, tiene por misión promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público tutelado por la Ley, de oficio o a petición de los interesados, así como velar por la independencia de los Tribunales y procurar ante éstos la satisfacción del interés social.

2. El Ministerio Fiscal ejerce sus funciones por medio de órganos propios conforme a los principios de unidad de actuación y dependencia jerárquica y con sujeción, en todo caso, a los de legalidad e imparcialidad.

3. La Ley regulará el estatuto orgánico del Ministerio Fiscal.

4. El Fiscal General del Estado será nombrado por el Rey, a propuesta del Gobierno, oído el Consejo General del Poder Judicial.

¿Esto se puede refutar? ¿Por qué no se habla nunca de ella? Si se refuta la retórica de la imparcialidad se cae todo el sistema.

en el nombre del padre

La segunda película es: Julio César, de Joseph L. Mankiewicz.

A César le causan la muerte los miembros del Senado. Todos los senadores le clavan sus espadas, aunque la última puñada, la de Bruto, es la que le causa la muerte. Pero todos le matan. Bruto sale a la escalinata del Senado y se encuentra allí a todo el pueblo (el pueblo es el que actúa como juez) que se le echa encima por haber matado a César. Bruto expone sus argumentos de un modo racional y transparente, mediante un entinema o silogismo truncado: si A entonces B, es así que A luego B. Bruto dice que tuvo que matar a César por su ambición y que lo que quería era proteger al pueblo de Roma, logrando convencerlos.

En búsqueda de la estatua de Pompeyo (queriendo obtener asilo en estatuas divinas, sin se Pompeyo un Dios) fue cuando Bruto, que lo esperaba allí, le dio la puñalada final. Esto me recuerda al libro Asesinato en la catedral, de T.S. Elliot; y también a los alegatos de los caballeros que mataron a Becket, intentando defenderse del asesinato que acababan de cometer.

Marco Antonio habla después y, teniendo el pensamiento contrario a Bruto no lo expone abiertamente, sino que intenta rebatir el argumento de Bruto utilizando otro entinema: si A entonces B, esto es que no A luego B. Marco Antonio se presenta como amigo de César, no como orador pero hace muy bien su papel siendo también un orador muy inteligente, utiliza anáforas troqueladas a través de la ironía que introduce un interrogante pero no la respuesta: pero Bruto es un hombre honrado. Juega en su discurso a manipular el sentido de la ambición pero no juega limpio porque introduce emociones. Muestra la prueba de todo lo que dice: el testamento; pero no lo enseña hasta que el pueblo ya esta convencido y, enseñándolo al final, les da el empujón sin darse ellos cuenta, para ir en busca de los senadores y darles muerte.

El jurista Quintiliano decía: “será más ventajoso disimular alguna de nuestras armas pues el adversario las reclama. La prueba, cada vez más reclamada, va adquiriendo más fuerza”.

La retórica no confirma la verdad sino que da pábulo a la verosimilitud.

La tercera película es: Tiempo de matar, de Joel Shumacher.

El abogado defensor utiliza el método de echarse la culpa a sí mismo por no haber sabido defender a su cliente; el padre de la niña

tiempo de matar pelicula

asesinada brutalmente que se toma la justicia por su mano, e intenta hacerle vivir la historia al jurado relatándole los hechos.

“Los ojos de la ley son humanos” ¿es que acaso la justicia sigue siendo el pueblo como en la película de Julio César? Aquí también tiene mucho protagonismo el pueblo pero, ahora, en otro sentido. Es también un juicio que se presenta irregular desde el principio. Aquí el tema el racial, negros y blancos. El abogado defensor habla en último lugar. Dice que esperaba que un hombre negro tuviera un juicio justo pero que esto no es así, pues los ojos de ley son humanos y luego les hace ver que blancos o negros si estuvieran en su posición hubieran hecho lo mismo. Juega con la mente y la búsqueda de la verdad. Pero esta película plantea varias cuestiones de interés pero, entre ellas, la siguiente: ¿Un veredicto de inocencia en un juicio donde se demuestra el asesinato?

Recuerda a películas tan interesantes como Matar un ruiseñor, de Robert Mulligan.

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