Consecuencias de la perfección del contrato de compraventa

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En cuanto a las consecuencias de la perfección del contrato, éstas son:

1. La creación de obligaciones recíprocas: como todos los contratos, el de compraventa hace nacer derechos y obligaciones para ambas partes contratantes.

Lo vemos así en el artículo 1091 del Código Civil, que atribuye a las obligaciones que nacen de los contratos fuerza de ley entre las partes contratantes y también en los artículos 1258 y 1450 del Código Civil.

Así mismo, el artículo 1445 del Código Civil define lo que es un contrato de compraventa diciendo que por el contrato de compra y venta uno de los contratantes se obliga a entregar una cosa determinada y el otro a pagar por ella un precio cierto, en dinero o signo que lo represente.

Por tanto, el contrato genera obligaciones para las partes que desde el momento de la perfección es obligatorio para ellos, que les vincula y que genera deberes aunque ni uno ni otro contratante hayan ejecutado las recíprocas prestaciones y que las obligaciones esenciales de los contratantes en la compraventa son la entrega de la cosa y el pago de un precio.

Sin embargo, en la compraventa mercantil el comprador puede pedir o exigir la entrega de la cosa sin haber pagado previamente el precio. En cambio el vendedor no puede requerir el pago del precio mientras no haya efectuado la puesta a disposición del comprador de las mercancías vendidas (esta afirmación se deduce del artículo 339 del Código de Comercio).

2. La transmisión de la propiedad: en la compraventa mercantil el fin traslativo es esencial. El vendedor desea, mediante el contrato de compraventa, enajenar y el comprador adquirir la propiedad de alguna cosa, sea bien mueble o inmueble. Lo mismo ocurre con quien compra para luego revender.

Sin embargo, el contrato no produce por sí solo la transmisión de la propiedad sino que como establece el artículo 609 del Código Civil, además del título de adquisición, que puede ser, y lo es con frecuencia, un contrato, se necesita el modo o entrega de la cosa que debe hacer el vendedor al comprador, en cualquiera de sus modalidades.

3. El riesgo en la compraventa mercantil: uno de los efectos que produce la perfección del contrato es que obliga a los contratantes a adoptar las actitudes favorables a su ejecución o consumación que sean necesarias y, entre ellas, para el vendedor, el cuidar y conservar la cosa vendida hasta que pase a posesión del comprador en perfecto estado. Es una elemental exigencia de la buena fe contractual.

Ocurre que en el proceso hasta que se entrega la cosa hay un riesgo de destrucción o de extinción de la cosa objeto de la compraventa (antes de que haya sido entregada al comprador).

Entendemos por riesgo en la compraventa la eventualidad de que una prestación posible en el momento en que la obligación nace se haga luego imposible por causa no imputable al deudor.

En este sentido, se trata de saber qué ocurre con las obligaciones recíprocas nacidas del contrato si una de ellas, la de entrega de la cosa por el vendedor, no se puede cumplir por pérdida o destrucción del objeto no existiendo culpa o negligencia por parte del mismo.

En este caso, cabe preguntarse cuál de las dos partes del contrato debe sufrir las consecuencias de ese hecho dañoso fortuito. Tanto en derecho mercantil como en la doctrina jurídica, así como en la jurisprudencia del Tribunal Supremo este tema plantea problemas y parece que ninguna ha sacado las consecuencias correctas, o han realizado la debida interpretación en relación con las normas, aparentemente contradictorias o cuando menos discordantes, que se refieren al riesgo en el Derecho mercantil español.

Dicho esto, nos falta determinar cuál es el momento en que el vendedor deja de ser responsable de los daños de los bienes vendidos y pasa esa responsabilidad a recaer sobre el comprador.

La doctrina jurídica, tanto civil como mercantil, entiende que ambos códigos difieren a la hora de vincular a un momento concreto el problema de la transmisión del riesgo.

Se llega al acuerdo de queso después de la perfección del contrato y estando aún las mercancías en poder del vendedor, se produce su pérdida o daño por caso fortuito o sin culpa del mismo, se considera a éste responsable de las consecuencias que han sobrevenido, así el artículo 331 del Código de Comercio.

En consecuencia, no puede exigir el precio, el comprador puede rescindir el contrato, o si lo prefiere (y ello es posible) puede solicitar la entrega de otro objeto en sustitución del destruido o dañado, en cuyo caso tendrá que pagar el precio. Si hubiera recibido el precio, o una parte del mismo, tendrá obligación de devolverlo.

Si en otro supuesto el vendedor entrega de conformidad la cosa vendida, tiene derecho a exigir el precio, aunque el objeto vendido y entregado se destruya con posterioridad a la entrega. El daño aquí lo sufre el comprador.

Pero, el artículo 333 del Código de Comercio añade otra previsión, y es que la cosa vendida puede estar en poder del vendedor aunque ya ha sido puesta a disposición del comprador, que tiene que hacerse cargo de ella o retirarla del lugar donde se encuentre (con frecuencia este lugar suele ser un almacén u otra instalación mercantil del vendedor).

Si el comprador esta obligado a efectuar la retirada de los objetos, en tanto no lo haga, será responsable de los daños. Más aún si no sólo se retrasa en hacerlo sino que además, sin justa causa, rechaza o rehúsa retirarlos, así el artículo 332 del Código de Comercio.

El vendedor puede depositar las mercancías y liberarse de responsabilidad. Se da por cumplida su obligación de entrega y tiene derecho a recibir el precio.

Una vez prestado el consentimiento por las partes contratantes debe seguirse, como consecuencia de la perfección del contrato, el nacimiento de un vínculo obligatorio entre ellas que, en principio, debe ser considerado como indisoluble, en tanto que no puede romperse por la decisión voluntaria de una sola de las partes.

Si ambos contratantes están de acuerdo para extinguir ese vínculo, por mutuo disenso, entonces el contrato desaparece sin ninguna objeción.

A veces también ocurre que si uno de los dos contratantes no cumple sus obligaciones, el otro puede solicitar al juez que le condene a cumplirlas o bien que declare resuelto el contrato.

El remedio arbitrado por la Ley es, en general, la resolución del contrato. De hecho, son muchos los artículos del Código de Comercio que mencionan la rescisión, todos como un derecho, bien sea del comprador o del vendedor.

Estos artículos son (a favor del comprador) el 327, 328, 329, 330, 331, 336 y 332 (solamente este último a favor del vendedor). Esta rescisión se concede en casos de incumplimientos de las obligaciones asumidas. En cuanto al Código civil, la rescisión se recoge en los artículos 1506, 1124, 1503, 1504 y 1505.

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