Despido objetivo por faltas de asistencia justificadas - Attardabogados.com

Despido objetivo por faltas de asistencia justificadas


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El despido objetivo por faltas de asistencia justificadas al trabajo está regulado en el artículo 52 del Estatuto de los Trabajadores y es uno de los despidos más polémicos y complejos, al estar relacionado con una incapacidad temporal.

Despido procedente por absentismo laboral

El Estatuto de los Trabajadores regula objetivamente cuándo puede ser despido un trabajador en estas condiciones diciendo que:

– Las faltas se den de forma intermitente, aunque estén justificadas.

– Que sumen el 20% de las jornadas de trabajo.

– Cuando el total de faltas en los 12 meses anteriores sea del 5% de las jornadas hábiles, o del 25% en 4 meses discontinuos dentro de un periodo un año.

Visto así, queda tasado cuándo se puede llevar cabo un despido de estas características, pero el artículo añade algo más, y es que no se consideran faltas de asistencia al trabajo, de forma muy lógica, las siguientes:

– Las motivadas por una huelga legalmente hecha.

– Las ausencias para llevar a cabo las labores de representantes de los trabajadores.

– Cuando haya un accidente de trabajo.

– Cuando se produzca la baja por maternidad o paternidad, lactancia o un riesgo durante el embarazo

– por licencias (permisos) o vacaciones.

– Situaciones motivadas por un caso de violencia de género (acreditadas) o cuando se deban a un tratamiento médico por enfermedad grave, como el cáncer.

– Por enfermedad o accidente no laboral cuando la baja haya sido acordada por los servicios sanitarios oficiales y tenga una duración de más de 20 días consecutivos.

Y esta última es la suscita más dudas. ¿Por qué? Porque estamos ante una incapacidad temporal normal, que si no dura lo suficiente, puede dar lugar al despido objetivo por absentismo y esto sí es muy controvertido.

Por una parte, si no se hace de acuerdo lo describe el ET, el trabajador puede reclamar por despido improcedente o nulo, dependiendo de por qué se haya producido el despido y, por otra, por la inseguridad que genera esta situación tanto para la empresa como para el trabajador.

El despido objetivo tiene una indemnización de 20 días, con un máximo de 12 meses, mientras que el despido improcedente tiene una indemnización de 33 días (45 para el período del contrato que tenga fecha de antes de la reforma laboral de 2012), con un límite de 24 y 42 meses, respectivamente. Ambos dan derecho a cobrar el desempleo.

Si lo que se decreta es la nulidad del despido, el trabajador volverá a su puesto, con abono de los salarios de tramitación.

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