El deterioro medioambiental - Attardabogados.com

El deterioro medioambiental


Los países que se encuentran a la cabeza de la economía mundial han obtenido unos índices de crecimiento realmente sorprendentes. Estos logros no han estado exentos de costes humanos. Los trabajadores manuales, de las industrias y de las minas, tuvieron que soportar, durante un siglo, bajos salarios y largas jornadas de trabajo sin que tuvieran derechos sociales que los protegieran de las eventualidades que pudieran sufrir. Hasta el siglo XX, las condiciones de vida de estos colectivos no mejoraron sensiblemente también los países subdesarrollados han tenido que soportar la explotación de los países más ricos.

El deterioro medioambiental

Aparte de todo esto, aunque no desligado, hay otros costes del crecimiento que hasta hace poco no se han tenido apenas en cuenta. Nos referimos a los costes que se generan en el medio ambiente y en el conjunto del ecosistema. En suma, el crecimiento no puede crecer de un modo indefinido, pues estamos en un mundo finito y limitado en sus recursos.

El crecimiento que genera gran producción de bienes y servicios basa su punto de partida inicial en la transformación de los recursos naturales. Se cuenta con unos inputs que proceden de la naturaleza, aunque sean resultado de la acción del hombre. Estos recursos son de dos tipos: aquellos que no son renovables, esto es, que se van agotando a medida que se explotan, entre los que están los procedentes de la minería y las fuentes energéticas, como el petróleo; y los que sí son renovables, como los agrícolas, ganaderos y pesqueros, pero cuya renovación y reproducción tiene un ritmo muy difícil de seguir por la demanda de consumo.

Por otro lado está el output, y es que a la naturaleza se le echan cantidad de vertidos y residuos, al tiempo que se contaminan el aire y las aguas, como consecuencia de la actividad industrial y del uso de carburantes. Este modelo económico, basado en la necesidad de producir constantemente de una forma creciente y en un excesivo consumismo, aunque sólo para una parte reducida de la humanidad, no sólo deteriora el medio, sino que está modificando los equilibrios del ecosistema.

Los graves problemas de salud que la contaminación provoca vienen acompañados de posibles cambios climáticos, desaparición de bosques. Estos son algunos de los problemas que amenazan al planeta, pero no se toman medidas acordes con su importancia. Es el coste del progreso; pero si bien ya hoy resulta elevado, puede serlo aún más en el mañana, para las generaciones venideras.

Empecemos por los inputs. El primer problema se plantea con el riesgo del agotamiento de las reservas mineras y energéticas, debido a que no son renovables. Todavía no estamos ante un peligro inminente, y aún quedan recursos sin explotar, sobre todo en los fondos marinos, pero en un período de tiempo largo y siguiendo la explotación intensiva a los que se les somete, en función de los requerimientos actuales, no cabe duda de que se plantea un problema de suficiente envergadura para el futuro. Aunque también es cierto que, en algunos casos, esta limitación ha sido atenuada, pues algunos productos minerales han sido sustituidos por otros elaborados, y el uso de tecnologías modernas ha conseguido, además, reciclar y aprovechar residuos. Pero, a pesar de ello, en una proyección futura estas restricciones existen debido a que de la nada no se puede crear.

Al igual sucede con los recursos energéticos. En estos momentos, el petróleo es la primera fuente de energía. Sustituyó al carbón, que lo fue en el XIX, a lo largo del siglo XX. El petróleo es un recurso que antes o después tiene que agotarse. No resulta sencillo establecer fechas para ello, debido a que dependerá de las reservas existentes, que sí se pueden estimar, y de posibles descubrimientos de yacimientos, tanto en tierra como en el mar. La economía actual gira en gran parte en torno al petróleo, y un progresivo agotamiento podría provocar un verdadero desastre. La única forma de resolver este problema es o disminuyendo el consumo, lo que parece improbable, o potenciando energías alternativas, y aunque algo se ha avanzado en este terreno, aún es muy escasa su participación en el consumo global de energía. La economía energética, en este caso, como en tantos otros, no se prepara para el futuro, sino que predominan las visiones a corto plazo y coyunturales. Sin duda, esto es así, no porque no se sepa lo que nos puede deparar el futuro sin petróleo o con escasez, sino porque, de momento, priman los intereses de las grandes compañías petrolíferas.

Si esto sucede con los recursos no renovables, con los que tienen capacidad de reproducirse pasa otro tanto. La agricultura ha asistido en los últimos tiempos a la llamada revolución verde, que ha estimulado enormemente la productividad. Así, la extensión de los regadíos, la mecanización de la producción, el uso de fertilizantes y abonos químicos, han contribuido a ello. Y el crecimiento del consumo, aunque desigualmente, no ha supuesto aún un estrangulamiento para la producción agrícola en relación con la demanda. En todo caso, este avance tecnológico no puede obviar el hecho de que la tierra destinada al cultivo tiene que descansar, de cuando en cuando, de la intensa producción, ya que de no ser así se llega al agotamiento, y tierras que antes eran fértiles dejan de serlo.

medio ambiente

La capacidad de los sistemas naturales para la producción primaria se encuentra dañada por la desertificación, la extensión de las zonas urbanas, la erosión del suelo, el vertido de residuos tóxicos al agua y los daños causados por la radiación ultravioleta del sol a consecuencia del ensanchamiento del agujero del ozono.

Pero éstos son los inputs que el sistema necesita para su funcionamiento. El ecosistema es un sistema abierto a la entrada de energía y minerales, que son, en último término, los únicos recursos que mantienen las actividades económicas, ya que necesitamos energía no sólo para el mantenimiento de la vida, sino que, conjuntamente con los minerales, constituyen la base para la reproducción de los bienes de capital y los bienes de consumo. Los outputs que el sistema segrega continuamente son la contaminación, los residuos y la emisión de C02.

Hay que tener en cuenta, además, que estas limitaciones al crecimiento por la vía de los recursos naturales ya se están presentando, y aunque el problema se agrave más en los próximos treinta años, se produce en un contexto en el que hay una gran disparidad en los niveles de consumo. Según el Informe de Desarrollo Humano del PNUD, a escala mundial, el 20% de las personas que viven en los países de mayor ingreso hacen el 86% del total de gastos en consumo privado, y el 20% más pobre, solamente un minúsculo 1,3%.

Por tanto, el mayor deterioro del medio ambiente procede de los países ricos, como ha puesto de manifiesto con acierto Sutcliffe (1992), aunque el daño ambiental casi siempre afecta más a quienes viven en la pobreza. Remarcar esto es básico, pues hay quien señala que el mayor deterioro del medio ambiente se produce en los países subdesarrollados. En estos, efectivamente, no suele haber legislación protectora, ni medios para combatir su degradación, por lo que existen fábricas muy contaminantes, ríos que lo padecen, agua no potable o poco recomendable para su consumo que genera enfermedades y, en suma, formas de producción, por lo general, muy dañinas. Pero siendo esto cierto, sin embargo el sistema de producción y de consumo del mundo desarrollado provoca mayores males que los que pueden causar los países menos desarrollados, cuya actividad económica es mucho menor.

Esto plantea un gran problema. Parece evidente que hay que estimular el crecimiento económico y el consumo de los más pobres, que ni siquiera cubren las necesidades básicas, pero a medida que el consumo global crezca, la tensión sobre el medio ambiente se acrecentará. Pero de esto no se debe deducir que para preservar el medio hay que evitar el crecimiento del consumo de los que menos tienen, pues el desarrollo económico es lo prioritario para los países subdesarrollados. Lo que se pone de manifiesto es la contradicción existente entre el ecosistema y el crecimiento económico tal como se concibe en la actualidad.

Para ello hay que modificar las coordenadas actuales con un crecimiento más equitativo, no sólo entre los países, mejorando la solidaridad entre generaciones, lo que sólo es posible si se consigue el desarrollo sostenible. Este concepto fue definido por la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (la Comisión Brundtland) en 1987, y con su formulación se trataba de combinar un crecimiento intenso, algo que es necesario para superar la pobreza, con la adopción de políticas económicas que tuvieran en cuenta los aspectos medioambientales. Desde entonces, aunque se han tomado medidas parciales, los problemas globales siguen dándose y las conferencias mundiales que se han convocado han dado resultados escasos en cuanto al compromiso de los países, sobre todo los desarrollados, para poner remedio a los males descritos. Bajo el título Medio Ambiente y Desarrollo, se convocó la Conferencia de Río y posteriormente la de Kyoto para plantear el calentamiento de la tierra y poner límites a la expansión de las emisiones de C02. En septiembre de 2002 se ha celebrado la de Johannesburgo sobre desarrollo sostenible y pobreza. Las tres se han saldado con un sentimientdeo de frustración, sobre todo para las ONGs y los movimientos sociales comprometidos con la pobreza y el deterioro ecológico. La falta de compromiso, fundamentalmente de Estados Unidos, ha propiciado el fracaso de las diferentes conferencias.

Tras este fracaso se esconde no sólo una falta de voluntad política de los grandes, también se puede traducir por la defensa de un modelo de desarrollo que no se quiere cuestionar, ni siquiera con medidas parciales. El modelo de sociedad industrial desarrollada explica la situación tan preocupante en la que nos encontramos, desde el momento en que se articula internacionalmente un flujo de materias primas y energía que hace posible el bienestar para unos y el atraso y malestar para otros. De ahí la dificultad que surge a la hora de compatibilizar desarrollo y medio ambiente.

¡Consúltenos Ahora! Le Daremos Soluciones.

Consultas por Teléfono
807 403 167
Realice su consulta
online

0 Opiniones sobre el artículo

Introducir comentario

Nombre*  
Email*     
Su Web   

Su comentario:
Acepto el aviso legal y la política de privacidad