El procurador de Judea, de Anatole France

¿De qué trata el procurador de Judea?

Mientras Ælio Lamia, subido a la cima de una colina en Campania, intentaba leer el Tratado sobre la naturaleza, se encontró a su amigo Poncio Pilatos que vive retirado en Sicilia con su hija, cultivando y vendiendo su propio trigo y que se encontraba allí por motivos de salud. Ambos eran ya mayores y tenían muchas dolencias propias de la edad, por ello Poncio buscaba remedio en aquellas tierras que, según decían los médicos, tenían propiedades terapéuticas. Lamia y Pilatos se conocían desde hacía muchos años.

Cuando Lamia fue desterrado de Roma durante dieciocho años por la acusación de haber mantenido relaciones con Lépida, una mujer casada, estuvo Anatole Francerecorriendo Siria, Palestina, Capadocia, Armenia Antioquia, Cesarea y Jerusalén, fue en Cesarea donde conoció a Pilatos, procurador de esa provincia, y allí entablaron una amistad que lo llevó a seguir a Pilatos cuando fue destinado a Jerusalén. Por ello, Poncio invita a Lamia a cenar a su casa. En el curso de la conversación, Pilatos recuerda aquella época en la que fue procurador de Judea, la ilusión con la que empezó, queriendo hacer grandes obras de utilidad pública y el rechazo que obtuvo de los judíos, a los que considera unos bárbaros que pensaban que Pilatos quería abolir su ley y cambiar sus hábitos, incultos, que no cuentan con el conocimiento de la naturaleza de los dioses, sin filosofía alguna y que rechazaban todo lo que venía de Roma.

Pensaba Pilatos que había que destruir Jerusalén mientras Lamia dijo haber descubierto virtudes en ellos, aunque más en las Judías, recordando a una que lo maravilló en exceso pero que desapareció de un día para otro, enterándose meses después de que se había sumado a una tropa que seguía a un hombre llamado Jesús el Nazareo, a quien crucificaron por un delito. Poncio Pilatos no recordaba a nadie que se llamara así.

Análisis Crítico del Procurador de Judea

Pese a la buena memoria que dice tener Pilatos en el texto, llama la atención que no recuerde a Jesús, a quién él condenó a muerte. Ahora bien, después de todo lo relatado por Pilatos, tampoco es de extrañar que no recordara a alguien que simplemente fue ajusticiado sin más problemas. Sin embargo, si leemos el evangelio de san Lucas, vemos como Pilatos no pretendía condenar a Jesús sino que de todo punto lo encontraba inocente e intentó salvarlo del pueblo que pedía que se le condenara;  (Lucas 23,1-25):

<<Y levantándose todos ellos, le llevaron ante Pilatos.
Comenzaron a acusarle diciendo: «Hemos encontrado a éste alborotando a nuestro pueblo, prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es Cristo Rey.>>

Pilatos le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» El le respondió: «Si tú lo dices.»

Pilatos dijo a los sumos sacerdotes y a la gente: «Ningún delito encuentro en este hombre.»

Pero ellos insistían diciendo: «Solivianta al pueblo, enseñando por toda Judea, desde Galilea, donde comenzó, hasta aquí.»

Pilatos convocó a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo y les dijo: <<Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo, pero yo le he interrogado delante de vosotros y no he hallado en este hombre ninguno de los delitos de que le acusáis.>>

San Juan recoge el interrogatorio de Pilatos a Jesucristo, a cerca de qué es la verdad, en el que éste opta por guardar silencio. San Juan estaba presente y eso otorga a la narración veracidad, la confianza de lo que se ha visto.

El pueblo le pide a Pilatos que mediante su poder condene a Jesús, sin darle ninguna explicación de por qué debería hacer tal cosa y con el sin sentido de pedirle que libere a un asesino como Barrabás, pero el trabajo de Pilatos no era condenar injustamente sino impartir justicia, y así como Jesús y Barrabás son las dos caras de la moneda, también se muestra en este relato las dos caras de Poncio Pilatos, la justicia y la injusticia, la memoria y la desmemoria y contrastan sus sentimientos con los de su amigo Lamia hacia los judíos.

el procurador de judea

Mientras que Pilatos quiere destruir a los judíos, Lamia propone a Pilatos la idea, no tan descabellada, de que <<un día podría llegar a Roma el Júpiter de los Judíos y acosarte con su odio>>.

Jesucristo, por ironía del destino, es de quien Poncio no se acuerda y quien le daría su fama a lo largo de los tiempos y el famoso “me lavo las manos” de Pilatos, diciendo que era inocente de esa sangre y que el culpable era el pueblo, lo que es falso (por mucho que el pueblo dijera) pues quien tenía la potestad para ajusticiarlo o no era él y él fue quien lo encontró inocente y lo condenó. Así, es justo decir que no bastan las intenciones para justificar la conducta, son necesarios los hechos a los que conduce nuestra voluntad.

Es verdad que la opinión pública puede hacer presión pero ahí reside la imparcialidad del juez. Lamia, muy acertado en sus palabras, dice contestando a Pilatos: <<es cuestión de gran trascendencia el saber si debemos hacer felices a los hombres a pesar suyo>> (o de otra forma; si yo le doy al pueblo lo que quiere y crucifico a Jesús, hago al pueblo feliz pero ¿a qué precio? a lo largo de la historia el pueblo judío ha pagado el precio de esa decisión).

Las dos caras de Pilatos se reflejan también en la pintura que hay en el pórtico de su casa; Orfeo entre tigres y leones a los que tiene arrobados con el sonido de la lira; esto es, una persona superior, que con su música aplacaba a las fieras, como alguien que imparte justicia a quien se la esta pidiendo. Las fieras que son el pueblo y Orfeo, Pilatos.

Y tendrá algo que ver en la muestra de estas dos caras de Pilatos el hecho de que Anatole France, tras el caso Dreyfus en el que el capitán de origen judía Alfred Dreyfus fue condenado por un delito de alta traición que en realidad había cometido otro militar, fuera uno de sus defensores, diez años después de que se publicara el procurador de Judea en un volumen independiente. El caso es que, a partir de ahí, France se convirtió en un defensor de los derechos civiles.

Pero, principalmente, lo que mueve el relato de el procurador de Judea es el rencor que siente Pilatos hacia el pueblo judío que, según el texto, le lleva a expresar el wishful thinking (pensamiento ilusorio) del exterminio de los judíos. Ese pensamiento ilusorio que recae en las emociones y que lleva a eliminar la racionalidad de Pilatos. Pilatos le reprocha a Lamia que no se haya casado ni haya tenido hijos, como debe hacer todo buen ciudadano y también en Lamia se puede ver un pensamiento ilusorio cuando en el texto se dice que <<le sonreía a alguna imagen invisible>>. Y, de ahí, que Pilatos hable de la corrupción del pueblo, poniendo como ejemplo el caso de Lépida y Lamia, el adulterio, cuestionando o poniendo en duda durante todo el texto algunas afirmaciones que bajo ciertos contextos se dan por sentado.

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