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Evolución de la edad de oro


Para analizar la evolución de la edad de oro es conviene tener presente tres elementos que resultarán cruciales en la recuperación económica:

-El espíritu constructivo y de concordia tras la guerra (Naciones Unidas…).

-La implicación americana

-El acuerdo unánime sobre la necesidad de establecer un nuevo orden económico internacional (Bretton Woods).

 La edad de oro del crecimiento (1950-1973)

Tras la reconstrucción que siguió a la II Guerra Mundial, el conjunto de los países capitalistas conoció un notable crecimiento que coincidió con la onda expansiva del IV ciclo de Kondratieff. La recuperación tuvo su origen en la economía norteamericana que superó la crisis iniciada en 1929 y salió indemne de la guerra. Se encontraba, por tanto, en inmejorables condiciones para imponer sus criterios a un mundo devastado por la confrontación bélica. Así lo hicieron y bajo su dirección se adoptaron los acuerdos de Bretton Woods (1944) que instaurarían un nuevo orden económico internacional.

En el período 1950-1973 el desarrollo económico de los países avanzados superó todas las marcas históricas; por esta razón se le conoce como la “edad de oro del crecimiento”. Entre otras, las principales causas de este gran crecimiento se basaron en:

La productividad del trabajo.

La razón más importante que se encuentra detrás de este fuerte crecimiento fue el incremento progresivo de la productividad, a su vez basada en tres pilares fundamentales: las mejoras tecnológicas, los nuevos métodos de organización del trabajo (fordismo)  y el desarrollo de nuevas fuentes de energía, medios de transportes y materias primas.

Los sectores económicos que tuvieron las tasas más altas de crecimiento fueron aquellos relativamente más intensivos en tecnología, como la industria química (plástico), la electrónica, instrumentos científicos y comunicaciones, así como las industrias cuya producción satisfacía la creciente demanda de los consumidores: los automóviles, los bienes de consumo duraderos o los productos farmacéuticos.

Los salarios reales.

Los aumentos de la productividad son los que posibilitan el incremento de los salarios reales, desde el momento que provocan demandas de mayores salarios por parte de los sindicatos y permiten a las empresas pagarlos. De modo que los avances en la productividad se traducen en un incremento de la renta real de los consumidores, posibilitando ampliaciones de la demanda de consumo, lo que a su vez estimulará nuevas inversiones y la intensificación del proceso de trabajo, y por tanto supondrá mayores niveles de productividad. El resultado final es una continua expansión de los mercados.

crédito bancario

El crédito bancario.

A la ampliación de los mercados no sólo contribuyó el aumento de los salarios reales, sino que también fue una pieza clave el fuerte crecimiento del crédito al consumo. Gracias a ello, el conjunto de los asalariados pudo acceder a bienes  como la adquisición de la vivienda, la compra del automóvil y los electrodomésticos, los cuales se convirtieron en bienes de consumo de masas.

Como el sistema necesita producir mercancías incesantemente, y la realización de lo producido también requiere encontrar compradores, se produce una fuerte competencia entre empresas por la lucha por los mercados y, como consecuencia de ello, las campañas de ventas, la publicidad y las nuevas técnicas de investigación de mercados adquieren una gran importancia. Sin embargo, para poder vender más no basta con seducir a los consumidores, sino que se requiere que aumente la capacidad adquisitiva, jugando aquí un papel fundamental el crédito al consumidor.

En consecuencia, el desarrollo del sistema bancario ha sido básico para estimular la demanda efectiva, no sólo en relación a la expansión del consumo privado sino también en relación a la financiación empresarial.

La expansión de la posguerra, por tanto, ha tenido un soporte relevante en el crédito bancario, lo que vino facilitado por la utilización por parte de los gobiernos de una política monetaria relajada y expansiva de tipos de interés bajos. Pero, como casi todo en economía, la expansión crediticia no está exenta de contradicciones como un endeudamiento excesivo o tensiones inflacionistas.

La intervención del Estado.

El Estado, a través del gasto público, ha desempeñado un papel de primer orden en el incremento de la demanda agregada, tanto impulsando las inversiones públicas como el consumo corriente.

Si bien la contribución del Estado al desarrollo económico de los países industrializados es esencialmente nacional dado que su ámbito de actuación se limita al interior de sus fronteras, hay que destacar también que el crecimiento experimentado por estos países no va a depender sólo de factores internos o propios de cada sociedad. Hay una necesidad de acceder a recursos y fuentes de energía, que en muchos casos, se encuentran fuera de sus fronteras, en los países subdesarrollados. De ahí que el dominio sobre los países del Tercer Mundo facilitó esta considerable expansión económica.

La edad de oro se basó principalmente en estos mecanismos, los cuales conformaron una economía caracterizada por los siguientes rasgos básicos:

Gran salto adelante del capitalismo: aceleración excepcional del crecimiento económico.

-Notable crecimiento de la producción, el empleo y el comercio, en un contexto de estabilidad cambiaria y de precios.

-Ascenso de Japón como segunda potencia económica mundial.

-Aumento del papel del sector público en la economía, donde toma protagonismo el papel del Estado, los postulados keynesianos y se consolida el Estado de Bienestar.

-Prolongado período de pleno empleo

-Significativa pérdida de importancia relativa de la agricultura en la producción y el empleo

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