La red de alta velocidad en España (AVE)

En España tenemos, desde 2010, la mayor red de alta velocidad ferroviaria de la UE y la OCDE. De hecho, la red del AVE es la más extensa de la OCDE y la segunda del mundo, después de China, y por delante de países pioneros en alta velocidad como Japón o Francia, lo cual resulta incoherente dado que, en perspectiva comparada, sus ratios pasajeros/kilómetro de red son más bajos que en los demás países.

Sin embargo, ello se ha conseguido merced a una política de inversión más preocupada por “la oferta y la demanda política” que por un análisis económico riguroso con el contexto español, soslayando los criterios de eficiencia económica y dando prioridad a objetivos de tipo meta-políticos.

El problema reside en que la extensión del AVE sigue siendo la actuación estrella de la planificación de infraestructuras para la próxima década, teniendo como fin la conexión en 2020 de todas las capitales de provincia con Madrid, obviando el hecho de que con la entrada en servicio de nuevas líneas cuya demanda es cada vez menor, no conseguimos la eficiencia que tendría que tener nuestra red de alta velocidad ni nos ajustamos a los mínimos de demanda potencial recomendados por la Comisión Europea (2008).

tren de alta velocidad

Según la Comisión, para costes y ahorros de tiempo medios, el mínimo debería ser de al menos 9 millones de pasajeros en el primer año. Ninguno de los corredores de España, (Madrid-Barcelona, Madrid-Sevilla, etc.), han cumplido ese objetivo.

Por otra parte, si bien en el conjunto de las experiencias internacionales encontramos cuatro grandes motivos que justifican la construcción de una red de alta velocidad (solventar problemas de congestión; conectar áreas industriales con centros de distribución y de transporte Internacional; promover la equidad y desarrollo territorial; proporcionar una alternativa al transporte aéreo en países donde la geografía permite ventajas competitivas para el ferrocarril), de todos los motivos que se pudieron escoger para construir esta red (eficiencia en el transporte, como Japón y Francia; política industrial, como Alemania; ventaja competitiva respecto al avión, como en Italia) España persigue un objetivo de política territorial bajo la retórica del desarrollo territorial y de cohesión, lo cual resulta, además de costoso, poco productivo dando como resultado un menoscabo del papel de las mercancías en el transporte a favor de los pasajeros y un balance tecnológico negativo del AVE en España.

Como consecuencia de todo ello, tomando como ejemplo el año 2010, tenemos una inversión muy elevada que no se ha llegado a cubrir con los transportes realizados, un volumen de población que utiliza estos servicios bastante bajo y unas ganancias de tiempo (ahorro) escasas con respecto al avión. Si se hubiera hecho un análisis coste-beneficio en sentido estricto, se hubiera priorizado la construcción que más rentabilidad proporcionara y no se hubiera producido un coste de oportunidad tan elevado.

En cuanto al impacto medioambiental, aunque tenemos pocos datos, podemos decir que  la comparación con el avión y el coche es mucho más favorable a la alta velocidad y muy similar al autobús. Sin embargo, el ahorro de emisiones logrado por el AVE respecto al avión y al coche se hace a un coste económico enorme, sin mencionar que las emisiones de CO2 por la construcción del ferrocarril de alta velocidad difícilmente podrán recuperarse mediante el ahorro de emisiones por operación durante los primeros 30 años de servicio.

Uno de los problemas que podemos destacar es la falta de datos de demanda del AVE y de coste final de algunas líneas. Es muy escasa la información disponible y ello dificulta el debate público sobre el tema.

Pienso que el hecho de que España haya escogido unos motivos de política territorial para la construcción de la red de alta velocidad es un error. No solo por la escasa demanda de este servicio en ciertos lugares sino también por el hecho de que no han tratado el tema con la objetividad requerida, ya que un análisis económico hubiera dado como conclusión que esta red de alta velocidad no se hace necesaria en sitios en los que o bien ya está construida o se ha planificado su construcción y ello junto con la mínima bajada del presupuesto de estas obras, hace que España este invirtiendo mal uno de sus recursos más preciados: el capital.

Sin duda, no debería el gobierno dejarse llevar por motivos políticos que al fin y al cabo están en constante cambio y si por un análisis riguroso y transparente de lo que le conviene más a este país.

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