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Los nuevos países industriales


Durante las décadas de los 70-80 y 90, surgen dos situaciones extremas (por un lado los PMA y por otro los NPI) dentro de los países subdesarrollados. Hechos que, entre otros, terminan con su relativa homogeneidad. Los NPI son: Corea del Sur; Taiwan, Hong Kong y Singapur / Brasil y México.

países industriales

Características comunes:

 

-Crecimiento económico: muy rápido, basado en el sector manufacturero, orientado a la exportación.

-Importante volumen de exportaciones (proporción muy considerable de reexportaciones).

-Agricultura dinámica y muy articulada.

-Economía muy diversificada y muy integrada.

-Amplio mercado interior. Elevadas tasas de ahorro.

-Indicadores sociales superiores a los países subdesarrollados.

Al contrario que Brasil y México, crecimiento inesperado en Corea del Sur y Taiwan por carecer de recursos naturales y energéticos (dependencia del petróleo), muy orientadas a la exportación.

 

Factores diferenciadores:

COREA DEL SUR y TAIWAN:

-Agricultura muy dinámica (reforma agraria) y articulada con el sector secundario.

-Disponibilidad y ayuda de capital extranjero (EE.UU).

-Altas tasas de ahorro e inversión basada en factores culturales y sociales.

-Escaso recurso a la inversión extranjera directa lo que evitó la desnacionalización industrial.

-Estado intervencionista en el sistema financiero la industria y las exportaciones.

BRASIL y MÉXICO:

Entre los factores positivos podemos destacar:

-Amplio mercado interior. Stock de capital humano. Dotación de recursos naturales.

-Tradición manufacturera.

Entre los factores negativos podemos destacar:

-Importante peso de la inversión directa extranjera. Agricultura poco dinámica. Industrialización sustitutiva de importaciones. Perturbaciones monetarias externas.

-Endeudamiento exterior. Políticas de ajuste y liberalización exterior.

La industrialización de América Latina y Asia oriental.

En general, la experiencia de industrialización de los dragones en los últimos treinta años ha sido notablemente más favorable que la de los principales países de América Latina.

El crecimiento del producto por habitante y de las exportaciones ha sido más rápido en Asia oriental que en el subcontinente americano. Además, la transformación estructural de la industria de Corea del Sur y Taiwán ha sido más intensa que la registrada en Brasil o México.

En los últimos 25 años, el incremento anual medio del PNB per cápita de los dragones ha rondado el 7%, frente al 3% correspondiente a los dos grandes países latinoamericanos.

En 1990, la participación en las exportaciones mundiales de Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur (7,7%), con una población conjunta de apenas 75 millones de habitantes, duplicó el peso relativo de toda América Latina (3,6%), con seis veces más habitantes.

Corea del Sur y Taiwán, que a principios de los años sesenta eran países muy atrasados, son en la actualidad productores tanto de bienes  intensivos en trabajo, como artículos de confección y juguetes, como también de alta sofisticación técnica, como acero, automóviles, semiconductores, ordenadores personales y sistemas de telecomunicación. Se están adentrando con paso firme en campos tan avanzados como la industria aeronaútica, la robótica, los nuevos materiales y la biotecnología, en los que seguramente destacarán en próximos decenios.

Por el contrario, a pesar de ciertos adelantos notables en el sector industrial de los países más avanzados de América Latina, sigue faltando un “núcleo endógeno de creatividad” capaz de convertir en realidad el enorme potencial de que dispone la región.

Los NPI asiáticos.

Es obvio que la experiencia de Taiwán y de los otros dragones no puede extrapolarse con facilidad a otros países del Tercer Mundo. Todo hace pensar que el éxito de esos países se explica en gran parte por todo un conjunto de rasgos específicos de tipo geográfico, histórico, económico, político y social.

Sin embargo, existen otros aspectos de la experiencia asiática que podrían servir de inspiración a otros países y que cabría enumerar de la siguiente manera:

a) la realización de una ambiciosa reforma agraria, que desembocó en un crecimiento agrícola rápido e intensivo, lo que fue muy útil para la expansión industrial;

b) la aplicación de políticas de subordinación de la agricultura a los intereses de la industrialización, que permitieron acelerar la extracción de parte del excedente del sector primario;

c) la existencia de un Estado fuerte y relativamente autónomo respecto de los intereses de las clases sociales dominantes, que facilitó la transición temprana a la industrialización exportadora y la aplicación de ambiciosas políticas industriales;

d) la amplitud y duración del sistema de incentivos a la exportación de manufacturas, que garantizó de forma definitiva un alto grado de competitividad exterior;

e) las importantes inversiones públicas en la formación de capital humano, que hicieron posible un alto crecimiento de la productividad;

f) el recurso continuo a la protección del mercado interno, para fomentar el desarrollo de las industrias nacientes, incubar los sectores exportadores, fomentar la competitividad y agrandar los efectos internos de arrastre de la actividad exportadora;

g) el pragmatismo de las autoridades a la hora de ajustar la economía a las nuevas condiciones del entorno internacional surgidas de las conmociones externas de los años 70 y 80, que se manifestó básicamente en la combinación de medidas deflacionarias y expansivas, en evitar una liberalización comercial y financiera prematura y en el rechazo al uso de la política cambiaria con fines antiinflacionistas;

h) la centralización en manos del Estado de la política tecnológica, lo que permitió diseñar una estrategia coherente de aprendizaje técnico;

i) la opción por formas de importación de tecnología distintas de la inversión directa extranjera, que garantizó un progreso tecnológico más rápido y ampliamente difundido entre la industria local;

j) la apuesta decidida de las autoridades por el gasto en 1 + D, que ha hecho posible competir con los mismísimos japoneses en toda una gama de productos manufacturados y

k) el fomento de la adquisición por parte de empresas nacionales de compañías extranjeras de alta teconología, que evitó el rezago tecnológico.

Las economías asiáticas de altos resultados (HPAE)

En los años 50 y 60 la opinión mayoritaria se inclinaba a pensar que los países subdesarrollados podían crear bases industriales únicamente sustituyendo las importaciones por bienes manufacturados nacionales (estrategia de Industrialización Sustitutiva de Importaciones – ISI -) Sin embargo, desde mediados de los 60 fue cada vez más evidente que era posible otra estrategia hacia la industrialización vía exportaciones de bienes manufacturados, básicamente hacia los países avanzados (estrategia Industrialización Orientada a la Exportación – IOE -).

Los países que se desarrollaron de esta forma, (el Banco Mundial las señala como economías asiáticas de altos resultados -HPAE, High Performance Asian Economies- o Nuevos Países Industrializados), han alcanzado un crecimiento económico espectacular, en algunos casos, de más del 10 por 100 anual. Y ello a pesar de que las economías de los HPAE se han visto severamente afectadas por la crisis financiera iniciada en 1997.

La definición de HPAE por parte del Banco Mundial contiene tres grupos de países cuyos “milagros” comenzaron en momentos diferentes:

En primer lugar está Japón, que comenzó un rápido crecimiento económico poco después de la Segunda Guerra Mundial, y tiene ahora una renta pc comparable a la de Estados Unidos y Europa Occidental.

En los años 60 empezó el rápido crecimiento económico de cuatro economías asiáticas más pequeñas, Hong Kong, Taiwan, Corea del Sur y Singapur.

Finalmente, a finales de los 70 y en los 80 comenzó un rápido crecimiento en Malasia, Tailandia, Indonesia, y, de forma espectacular, en China. . La presunción de que la industrialización y el desarrollo debían basarse en una estrategia sustitutiva de importaciones orientada hacia dentro es falsa. Por el contrario, las historias de éxito en el desarrollo han implicado, todas, una industrialización orientada hacia fuera, basada en las exportaciones de productos manufacturados.

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